lunes, 8 de mayo de 2006

Presentación del ciclo Semimontado "Armando Discépolo" Teatro Del Pueblo, Sociedad General de Autores de Argentina

Publicado en Revista Funámbulos. Cultura desde el teatro Nº26. Buenos Aires 2006.

Dice Josefina Ludmer hablando de los textos sobre negros en América Latina: “Cuando se trabaja con dos culturas se las politiza de inmediato”. Cuando se ponen en contacto dos culturas o dos materiales como la voz y la letra no puede no haber conflicto, y por lo tanto no puede no haber política.Voz y letra son dos culturas que inevitablemente están jerarquizadas. Una superior y una inferior, una más alta y una más baja, una iletrada y otra letrada, una culta y una popular. En ese contacto hay política porque hay conflicto.Esto se puede ver en Discépolo: la voz del gaucho se hace poesía gauchesca, la oralidad atorrante se hará graffiti tiempo más tarde, y el cocoliche se volverá grotesco criollo.Pero la voz no existe como voz sola creada por lo popular, usada por la gente y trabajada por las masas. De la misma manera que lo culto no siempre es culto, ni permanece culto ni nació como culto ni se conserva como culto o cultura culta. Podrá morir culto, no sé.Lo que digo es que voz y letra se mezclan. Hay un continuo reflejo y esa mezcla es desigual.Cuando aparece la voz, aparece disputando un espacio.Sabemos que el que domina, domina el espacio y el tiempo. El dominado solo puede meterse tácticamente en las fisuras, en las grietas: la voz entonces disputa el espacio... Quizá pueda disputar el poder pero en el territorio de la letra. En el pequeño mundo de la escritura, la voz puede disputar lo simbólico cuando pasa a lo escrito, cuando se vuelve escritura...La inmigración pone en crisis el lenguaje. “El lenguaje ya no supone fluidez” dice David Viñas en su estudio sobre Discépolo. “En el lenguaje vemos ahora la dificultad”.Otros ejemplos de inmigración: “nos vienen a robar”, “nos vienen a quitar lo nuestro”, “son ellos, los negros, los putos, los bolitas, los coreanos, los piqueteros, los inadaptados”. Pura visión Blumberg.“Vienen”. Enunciación pura.¿Quién habla? ¿Qué voz está dominando? El que dice “vienen” se supone el dueño de un espacio, un dueño paranoico del espacio.El lenguaje delata quién tiene el poder.El uso del lenguaje establece jerarquía y valores.“La relación desigual con el lenguaje está en el centro del conflicto”, señala Ricardo Piglia en su análisis sobre Mustafá.Cualquier texto de Discépolo es de difícil asimilación para un lenguaje oficial, para el lenguaje único. No sirve porque no puede ser usado, no es funcional... salvo cuando se lo pone entre paréntesis, se le clava el marquito de “grotesco” y todos tranquilos.La discusión sobre el lenguaje (Discépolo, Trejo, Novión o Florencio Sánchez) es una discusión sobre el poder. No lo digo por desviación populista, lo digo porque se trata de Discépolo que es quien pone sobre la mesa el lenguaje, un lenguaje que permite discutir la distribución del saber, que permite discutir la hegemonía en una sociedad.

(Fragmento.)

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